Ecos del pasado

Pocos son los hombres que saben la existencia de los orbes,
poderosas armas creadas por los dioses
terminantemente prohibidas para cualquier mortal.

Sin embargo, el aparente equilibrio pactado
entre las divinidades se ve amenazado cuando
vuelve a despertar el ser que fue más poderoso que los dioses.

En un mundo donde han regresado los
tribales rituales de sangre, los dioses se ahogan en su propia sed de poder y
los hombres se dejan engañar por sus propias mentiras,
la muerte resurge como única forma de salvación…

La última Era de los Elementales comienza
esta noche, en la que una joven amnésica despierta de un sueño olvidado para
adentrarse en otro repleto de horrores.

Maldecida por su codicia olvidada, el
lenguaje de la magia parece volverse en su contra.

Sólo los ecos de su pasado
conocen su sino; pero únicamente ella decidirá si lo alcanzará a través del
camino de la sabiduría y la fuerza… o de
la envidia y la demencia.


Ecos del pasado I: La danza del fuego

sábado, 22 de abril de 2017

El día que dejó de ser especial

Un día especial.


¡Buenos días! Bueno, para empezar, quería disculparme por taaaaaaan larga ausencia. La vida a veces no te permite hacer todo lo que quieras o no estás de humor para ciertas cosas. ¡Pero hoy tengo un nuevo capítulo bonus dedicado esta vez a la infancia de los Vermonth. Llevaba un mes con la idea trotando en mi mente, y al fin se ha plasmado en forma de letras. 
    Igual que la historieta de los Elementales, este capítulo no contiene spoiler alguno sobre la saga de Ecos del pasado, simplemente busca profundizar sobre los lazos de los hijos Vermonth, si bien tampoco cuento mucha información al respecto (creo que necesitaría un libro dedicado a ellos).
    Mientras que el bonus de los Elementales estaba escrito en un tono más cómico, este relato sí que está en una línea un poco más seria, ¡pero no os preocupéis! Es igual de interesante (o eso creo). 
    Para los que estáis con las ganas de conocer al fin a Silianna, tendréis el honor y placer de poder leerla en esta ocasión, si bien no como creéis. 

Y con esto, os dejo empezar con la lectura :)


«Rememoró su infancia y se detuvo en un día en concreto; un día que, antaño, había sido especial.»







«He sido bendecido por los dioses; lo tengo todo: la belleza, la inteligencia y la riqueza. Soy especial, soy importante, soy un Vermonth. Y no cualquiera: soy Dorian Vermonth». 

  El joven Vermonth despertó de su sueño. Era su sexta noche durmiendo en aquella cama que olía a enfermedad. Alvan se había ido el día anterior, y él seguía sin tener todavía muy claro cómo proceder al rescate de su hermana. Si es que lo haría.
  La cicatriz del rostro tardaba en cerrarse. Le seguía escociendo, aunque el mal ya estuviera erradicado. Pero su única mano había recuperado prácticamente su movilidad. Pronto podría volver a andar normalmente y entonces tendría que decidir qué camino emprender: seguir buscando a su hermana solo o volver a casa.
  «Lon’thara… me pregunto qué habrá pasado en mi ausencia. Padre tiene que estar furioso por haberle desobedecido. ¿Habrán partido ya hacia el continente Plateado? Aquí me siento completamente desorientado, fuera de la realidad…»
  Cerró los ojos y recordó los frondosos y verdes bosques de su tierra natal. El olor de los árboles y de la tierra mojada, la brisa marina que soplaba cuando pasaba las horas en la playa, escribiendo poemas o recitándolas a alguna bella dama. Pensó en las tardes junto a su primo Dultas, con quien planeaba las mil formas de seducir a las mujeres de la ciudad y competían por ver quién se llevaba más a la cama. Pensó en Silianna, quien le regañaba y le enderezaba cuando cometía estupideces.
  Entonces, sin darse realmente cuenta, pensó en Derek. De todos los errores que había cometido, tal vez uno de los que más se arrepentía se relacionaba con él. Llevaba meses sin ver aquellos ojos grises fríos e inexpresivos, como si no esperaran nada de la vida. Pero años atrás, esos ojos tenían una expresión diferente: una profunda tristeza que solo era acompañada por la soledad.
  Rememoró su infancia y se detuvo en un día en concreto; un día que, antaño, había sido especial.

Dorian Vermonth cumplía hoy once años. Al ser su día, se le dispensaba de las clases de esgrima y magia de combate. No entendía por qué su padre se empecinaba con la idea de que él fuera de mayor un caballero. No le gustaban las espadas, pesaban mucho y le salían yagas en sus hermosas manos. Tras sus clases diarias acababa siempre cubierto de barro y sudor, cansado y con hematomas esparcidas por el cuerpo. Temía tanto que su físico se viera afectado que la obsesión por su apariencia le impedía concentrarse en los entrenamientos.
  Pero para su gran alegría, hoy no tendría que pensar en ello. Hoy era su día y haría lo que él quisiera. Quería jugar con Dultas y Silianna en la playa donde les impresionaba con sus animales danzantes de agua. Si bien a Silianna le enorgullecía descubrir las habilidades de su hermano, Dorian era consciente de los celos que despertaba en Dultas, no solo por su manejo de la magia sino también por cómo embelesaba a Silianna. Al parecer Dultas y ella se pasaban el día chinchándose. Y aunque apenas estuvieran saliendo de la infancia, Dorian percibía aquella atracción muda que existía entre los dos, a pesar de lo popular que era Dultas con las otras chicas.
  —¡Sil! ¡Sil! ¡Vamos a jugar! ¡Las olas están agitadas esta mañana, tenemos que aprovecharlo!
  Dorian había irrumpido en la habitación de su hermana a gritos y dando saltos sobre su cama. Despierta y malhumorada por la falta de delicadeza de Dorian, le ignoró con mala cara y se volvió a ocultar bajo las sábanas de su cómoda y calentita cama.
  Impaciente y con ganas de pelea, la destapó y corrió a abrir la ventana. El frío glacial de la calle recorrió el tembloroso cuerpo de la pequeña Silianna, quien, a pesar de encogerse con los dientes apretados, se rindió ante la luz diurna y la brisa de los primeros días de primavera que tan injustamente la atacaban aquella apacible mañana.
  Saltó de la cama furiosa y con una voz aguda le chilló a su hermano:
  —¡Tonto! ¡Estaba en medio de un sueño de lo más interesante! ¡Me lo has fastidiado y nunca sabré el final!
  —¡Me da igual lo que estuvieras haciendo con Dultas en tu sueño!—se burló Dorian—. De todas formas, lo verás en un par de horas.
  —¿¡Qué!? ¡No estaba soñando con él! ¡Deja de decir tonterías, tonto! —se defendió la sonrojada primogénita de los Vermonth.
  Sin mucho interés en continuar con aquél tópico, Dorian tiró de su camisa instándola a bajar al salón para desayunar. Quería irse a la playa lo antes posible.
  —¡Sí, ya voy! —le gruñó Silianna empujándole a un lado.
  —Hoy es mi cumpleaños, así que soy el rey. Tienes que hacer lo que yo diga cuando yo lo diga y como yo…
  —¡Cállate! Eres un pardillo y punto. Es tu cumpleaños, pero como me provoques una vez más me largo a la cama de nuevo —le amenazó en un tono autoritario.
  Con una mueca de disgusto, Silianna le sacó de la habitación y, con un portazo, Dorian se sentó en el suelo del pasillo a esperarla mientras se cambiaba.
  Tras una media hora larga, al fin su hermana salió con un atuendo sencillo; de nada serviría manchar sus mejores trajes e incomodarse con lazos y volantes.
  De mejor humor, Silianna se agachó hasta la altura de su hermano pequeño y le dio un sonoro beso en la mejilla.
  —Feliz cumpleaños, hermanito. Vamos a desayunar, ¡me muero de hambre!
  Eufórico por la nueva y encantadora actitud de su hermana, bajó los escalones de tres en tres hasta aterrizar en el vestíbulo. Sin darse la pena de mirar a los criados, se dirigió disparado al salón donde dulces pastelitos y manjares recubiertos de miel le esperaban.
  —¡Al ataque!
  Sorprendido por aquella clara declaración de guerra, Dorian se sobresaltó alerta y giró sobre sus talones hacia la izquierda. Sin tiempo para reaccionar, el gemelo más rebelde, Briggan, lo tiró al suelo con energía juvenil. Los dos hermanos se pelearon con saña pataleando y tirándose de los pelos sin real intención de hacerse daño. Sin embargo, una fuerza superior tiró de los dos niños y los apartó con brusquedad.
  —¡Dorian! ¿Qué se supone que estás haciendo? —le preguntó su madre Vulsa con frialdad—. Esa no es la actitud que tiene que tener un noble, y menos el primogénito. Te quedarás sin dulces.
  —¡Pero madre…!
  —No discutas, Dorian. Ya tienes once años, es hora de que dejes de comportarte como un niño. No olvides que esta tarde tendremos que asistir a la presentación de Lord Gordon y después ir a la celebración del quinto aniversario…
  Dorian ya no escuchaba a su madre, quien le recordaba que ser noble era más aburrido de lo que parecía. ¿Era realmente necesario que un niño de su edad asistiera a tantos eventos? Ni siquiera sabía quién era ese tal Lord «Gordo».
  Castigado sin sus dulces favoritos y a la vista de su hermano Briggan atiborrándose de bollos, prefirió irse directamente a la playa. Sin que los criados se dieran cuenta, se escabulló por la puerta trasera que daba a uno de los jardines y corrió con toda la vitalidad que le ofrecían sus cortas pero inquietas piernas. Cruzó la entrada de la mansión Vermonth y atravesó el bosque que rodeaba los terrenos. Tras una infatigable hora, alcanzó su tan anhelada costa. Se detuvo a unos pasos del agua y respiró con avidez el frío aire salado. Adoraba aquel lugar.
  Entonces, el valioso silencio que apenas había saboreado se rompió con dos jóvenes risas. Cuando quiso acercarse a averiguar lo que sucedía, sintió una mezcla de sorpresa e indignación ante la escena que se presentaba: su primo Dultas estaba jugando con el intruso.
  Él y sus hermanos Briggan y Rellian llamaban así a Derek. Desde el primer instante en que apareció en el rellano de la mansión junto con su padre, supo que nunca encajaría en la familia Vermonth. Era demasiado introvertido, demasiado frío. Y esos ojos del color de la plata le delataban. Era un indeseable, un intruso.
  Y, sin embargo, ahí estaba, jugando inocentemente con Dultas. ¿En qué estaba pensando? Su sitio no estaba con ellos, no era un igual. El hecho de que además esto ocurriera el día de su cumpleaños le molestaba más aún. Nadie, y menos aún él, le estropearía su día.
  —¡Dultas! —le llamó Dorian con voz imperiosa—. ¡No juegues ahí, prefiero que vengas conmigo! Silianna va a llegar y tenemos que prepáranos para darle un susto cuando llegue —añadió en un tono travieso.
  En cuanto vio a su primo y mejor amigo, a Dultas se le iluminó el rostro.
  —¡Vale! —se exclamó entusiasta. Justo cuando iba a empezar su carrera para ir hacia su primo, sintió una pequeña mano tirar tímidamente de su manga—. ¿Qué sucede, Derek?
  El niño se sonrojó ante su pregunta tan directa.
  —¿Puedo ir con vosotros? —preguntó bajito para que solo lo pudiera oír él.
  Dultas le miró un buen rato antes de responder.
  —Bueno, no veo porque n…
  —¡Dultas! —le interrumpió Dorian imaginando lo peor; en absoluto quería que el intruso jugara con ellos—. ¡Déjale y vámonos! Tengo cosas mejores que hacer que espérate aquí sin hacer nada.
  Había sido injusto y lo sabía, pero le daba igual. No le gustaba aquél niño mártir que parecía siempre a punto de llorar. Seguramente intentaba engatusar a Dultas haciéndole pensar que estaba solo, pero en realidad solo quería apartarlo de su lado. ¿Cómo se podía ser tan egoísta?
  Pero Dultas no parecía pensar lo mismo. Dorian podía ver perfectamente la culpabilidad en su rostro. ¿Es que no veía el mal que rodeaba aquél niño? Había nacido del demonio, le decía su madre. Cada vez que ella veía a Derek cruzar el pasillo o recorrer los jardines su rostro empalidecía a ojos vista. Que su madre reaccionara de tal manera ante la visión de aquel niño confirmaba sus palabras.
  —Pero… —repuso Dultas.
  —No hay peros, hoy mando yo y punto.
  Sin argumentos que dar, Dultas se encogió de hombros y se alejó del niño de grandes ojos grises.
  Justo en aquel momento, los cascos de varios caballos se adivinaron en la lejanía.
  —¡Silianna ha llegado! —declaró Dorian—. ¡Escóndete!
  Sin embargo, los dos Vermonth fueron demasiado lentos y lo único que consiguieron fue resbalar en el charco que había al final del camino. Cuando Silianna salió del carro, no pudo evitar reírse ante la visión.
  —Vaya par que sois. ¿No podíais esperarme antes de empezar a hacer el tonto?
  Sin una gota de energía perdida, Dorian se levantó con elegancia con la ropa empapada y embarrada.
  —Calla, os voy a enseñar lo nuevo que he aprendido, ¡vais a alucinar!
  —¿Otra vez? —suspiró Dultas—. Ya estamos hartos de mirarte hacer esto…
  Dultas se calló súbitamente ante la cara de pocos amigos que le ofrecía su primo. Por ser su día, aceptaría sin rechistar. Silianna y Dultas se sentaron sobre la arena, esperando a ver cuál era la gran novedad.
  Sin muchas ganas, Dultas volvió a suspirar, pero sin que se diera cuenta su primo.
  —Venga, ánimo. Seguro que se pasa rápido —Silianna le dio un amistoso golpe en el brazo. Y aunque no hubiera segundas intenciones en aquel gesto, Dultas no pudo controlar sus palpitaciones. No le gustaba nada aquella sensación, le ponía nervioso. No entendía porqué su cuerpo reaccionaba así solo con ella.
  —¡Oye, Dultas! ¡Me tienes que mirar a mí, no a mi hermana! —le reprendió Dorian. Dultas le lanzó una mirada asesina ante su observación. Se hundió en su improvisado asiento de arena sin decir nada y esperó malhumorado y avergonzado a que Dorian empezara su maldito truco de magia. Ni siquiera quería verlo; él no tenía el don y que su primo se lo recordara cada día le provocaba envidia. Una envidia que crecería con los años, si bien siempre en silencio.
  Con las miradas de sus dos familiares al fin puestos en él, Dorian se concentró y cerró los ojos. Hoy haría aparecer una serpiente marina. Había visto esa criatura en libros ilustrados de su hermano Rellian y quería reproducirlo bajo la forma de su magia acuática. La idea era realizar una bestia marina de dos metros de altura. Hasta ahora lo más grande que había hecho había sido un perro, lo cual no estaba mal.
  Focalizó sus pensamientos en la imagen que tenía en mente e imaginó cada centímetro del cuerpo de la bestia. Su lengua bífida, sus amenazantes ojos, su serpenteante cuerpo y sus brillantes escamas. Incluso creía oírle a lo lejos.
  —¡Por las tormentas de Drian! ¡Es impresionante!
  Sin abrir los ojos todavía, Dorian sonrió triunfante. Lo había logrado, y Silianna al parecer estaba patidifusa. Cuando decidió que había terminado el hechizo de transformación, abrió los ojos para admirar su obra. Sin embargo, ante él no había absolutamente nada salvo el oleaje del mar.
  Sin comprender lo que sucedía, se giró para preguntarle a Silianna qué es lo que era tan impresionante, cuando lo vio.
  A unos metros del trío, cinco hermosos caballos hechos únicamente de agua galopaban en su dirección. Alarmados, se apartaron de un salto para evitar la estampida que se aproximaba. Un chorro de agua fría les salpicó, pero estaban demasiado anonadados para darse cuenta.
  Las cinco criaturas rechinaban como animales de carne y hueso. Eran aún más grandes y más rápidos de lo normal. Sus crines brillaban con el reflejo del sol y a su paso dejaban un rastro de arena mojaba. Tras recorrer unos metros más, trotaron hacia las frías aguas del océano donde se convirtieron en espuma hasta no dejar rastro de su paso.
  Sin comprender lo que había pasado, Dorian quiso formular sus preguntas, pero no lograba articular palabra. ¿Había sido obra suya? ¿De dónde salían? ¿Cómo lo había hecho?
  —¡Mirad! —señaló Dultas.
  Al seguir el dedo que apuntaba Dultas, sus preguntas se resolvieron en una sola respuesta: quien había creado aquella hermosa visión no había sido él, sino aquel niño que tan poco le gustaba: el intruso.
  Derek se acercó al trío con una sonrisa de ojera a oreja, buscando la aprobación de los tres. Silianna aplaudió con admiración y Dultas le removió su cabello. Pero Dorian no tenía intención alguna de felicitarle. No entendía nada. ¿Cómo era posible que aquel niño de siete años tuviera ese nivel de dominio mágico? ¿Era eso siquiera normal? La palabra monstruo le vino a la mente varias veces, pero pronto lo descartó; era un simple crío que pensaba poder robarle el protagonismo. Apenas llevaba unos meses viviendo con los Vermonth, ¿creía de verdad que sería aceptado tan fácilmente? Ya le había robado a su padre, quien no había vuelto a ser el mismo desde que él había aparecido en sus vidas. Encerrado en su despacho o en la torre del Agua, Itgard Vermonth parecía haberse olvidado de su familia. Solo bajaba a ver a sus hijos en las ocasiones especiales o cuando casualmente coincidían por los pasillos. Y la culpa era del intruso. Volviendo a la realidad, se detuvo en los ropajes de su hermanastro: llevaba los colores de los Vermonth. Se sintió tan irritado que decidió que ya era hora de dejarle bien claro cuál era su sitio:
  —Nadie te ha pedido nada —Derek se encogió sobre sí mismo acongojado. Dorian, animado por el efecto causado por sus palabras, decidió añadir unas más—: Puedes hacer todos los caballos que quieras, incluso dragones si te apetece… ¡pero nunca serás un Vermonth! ¡Que eso te entre bien en la cabeza!
  —¡Dorian! —le amonestó Silianna.
  Pero aquello no le detuvo.
  —¿Sabes cómo te llaman todos? El intruso.
  —Dorian, eso no ha estado nada bien —le recriminó Dultas.
  —¿Cómo te atreves? Tú también le llamas así en cuanto tienes la ocasión.
  Dultas quiso responder ante su ataque, pero no supo qué decir. Era cierto.
  —Pero somos buenos por llamarte así, deberías sentirte agradecido… —Dorian sentía la urgente necesidad de hacerle daño. La visión de su hermanastro le repelía, su mera existencia le incomodaba. No comprendía del todo por qué tenía que vivir con ellos bajo el mismo techo. Era el resultado de la traición de su padre. No había tenido suficiente con sus cuatro hijos, tuvo que ir a buscar en otra parte para traer a un quinto. Aquellos pensamientos le ardían en el pecho. Imitando el comportamiento de su madre, escupió todo el veneno que tenía bajo la lengua—: ¡Porque nadie te quiere! ¡Das asco! ¡Tú nos quitaste a padre! ¡No eres el bienvenido!
  —¡Dorian! —volvió a decirle Silianna, esta vez en tono de súplica.
  —¡Nadie te esperaba en casa! ¡A nadie le gustan los intrusos! ¡Nadie quiere estar a tu lado! —Los ojos llorosos de su hermanastro no le daban pena, más bien al contrario: se alegraba por la venida de sus lagrimas. Al fin sentiría una ínfima parte del dolor que sentía él desde su llegada a la mansión Vermonth—. ¡Nadie quiere a un bastardo!
  La bofetada que le propinó Silianna acalló sus palabras. El golpe fue tan violento que toda la furia que sentía en su interior desapareció de súbito. Tras varios parpadeos y pasada la estupefacción, recobró la cordura y se llevó la mano a la mejilla agredida. Le escocía horrores.
  Se alejó sin mediar palabra y se sentó en el arenoso suelo a unos metros del grupo. Dultas le siguió.
  Por el rabillo del ojo, vio a Silianna correr en pos de Derek sin éxito. Al parecer él era más veloz, y la muchacha le perdió de vista. Sin ganas de hablar con Dorian, volvió al carro que había empleado para desplazarse y ordenó que la llevaran a casa.
  Solos en la playa, observaron el sol ascender en el punto más alto del cielo.
  —Dorian, creo que lo mejor será que te mantengas alejado de él —le aconsejó Dultas—. Será lo mejor para todos.
  —Sí, probablemente —le respondió en un murmullo.
  No le gustaba Derek, eso lo sabía, pero jamás había sido poseído por una furia de tal magnitud. Habitualmente de naturaleza más dócil, no se reconocía. Al recordar aquellos tristes ojos plateados, los suyos se empañaron de lágrimas, avergonzados.
  Aquel día, Dorian no supo si la repulsión que sentía por sí mismo era la misma que la que sentía por su hermanastro.

  Desde entonces, no volvió a celebrar su cumpleaños.




¡Et voilà! No sé qué opinaréis sobre la actitud de Dorian, la verdad que se portó fatal, ¡muy mal! Pero bueno, a esas edades todos decimos tonterías o nos dejamos llevar muy fácilmente... 
En todo caso, tras este día, Dorian no volvió a dirigirle la palabra a Derek salvo lo indispensable, imitado por sus hermanos. Aquí pues es cuando empezaron todos (salvo Silianna) a ignorar a su hermanastro Derek. 

Respecto al segundo tomo de Ecos del pasado, aunque no lo parezca voy avanzando... ¡pronto llevaré la mitad escrita! 

Lo sé, lo sé, podría ir mejor, pero... cada vez que escribo algo cuando lo vuelvo a leer lo cambio, con lo cual avanzo despacito ;p

¡Un abrazo desde Garbuz!


miércoles, 9 de noviembre de 2016

Los dioses también necesitan tiempo libre

Un día cualquiera entre los dioses.


Al fin, tras meses anunciándolo, aquí tenéis este pequeño extra escrito con todo el amor del mundo a mis Elementales. No sabría deciros cuándo tuvo lugar, pero puedo afirmar que fue siglos antes del comienzo de la novela.
    La historieta no contiene ninguna revelación relacionada con la saga de Ecos del pasado, es simplemente para alegraros la vista ja,ja,ja.
    En todo caso he disfrutado mucho escribiéndola, pues cambia algo del tono serio y oscuro que está tomando la novela... ¡algo de comedia no viene mal!
    Además, así conocéis un poco mejor a Duphina y Finala, personajes que desgraciadamente no han aparecido mucho en el primer volumen de la saga.

No os entretengo más, por lo que, a disfrutar de la lectura!


«Solo los imbéciles no cambian de opinión.»


«Hay días que no me apetece ni levantarme...»
Kuran siempre fue el más vago de todos, ¡me disculpo por haber creado a un personaje tan irresponsable!



Poco saben los mortales del cotidiano de los dioses; sus oraciones suelen ir dirigidas a ellos por imaginarles sentados en sus tronos de piedra y oro observando y juzgando los actos de cada humano que tendrían en cuenta a la hora de ser misericordiosos u odiosos.
           Pero la realidad distaba ampliamente de dicha creencia.
           En aquel preciso instante, dos divinidades estaban confrontadas en una lucha a muerte por la victoria final:
           —Esta vez no te saldrás con la tuya, Kuran…
           —Yo no estaría tan seguro, vejestorio aburrido —repuso el dios pelirrojo—. Ahora es cuando las cosas se ponen serias…
           Melthes alargó el brazo con suspicacia sin apartar sus ojos de los del dios de luz y agarró el mazo de cartas. Las barajó con presteza y elegancia y las distribuyó hasta que cada uno obtuvo siete cartas. Sin que su contrincante pudiera verlas, descubrió sus cartas y las analizó con detenimiento: no tenía nada extraordinario. Pero no estaba preocupado, iba con bastante ventaja por lo que Kuran necesitaría una gran apuesta para alcanzarle.
           —Seis —declaró con prepotencia Kuran.
           — ¡¿Qué?! —se exclamó consternado Melthes.
           Ante la sonrisa triunfadora de su contrincante, Melthes hizo una mueca de desprecio.
           —Has oído bien, apuesto por seis.
           El Elemental de la naturaleza asintió entre refunfuños y comenzaron la partida. Tras varios minutos de tensión, la derrota de Melthes resultó evidente.
           — ¡Ajá! ¡Perdiste, idiota! —clamó Kuran con exagerada alegría—. ¡La victoria…!
           —…es mía.
           Los dos Elementales miraron molestos al dios de los océanos. Aunque Melthes hubiera tenido un triste final, Kuran no tenía mejores resultados; Drian había obtenido una victoria aplastante.
           — ¡Has hecho trampas, estoy seguro! —bramó Kuran a la defensiva.
           —No seas ridículo, mi victoria ha sido justa.
           — ¡Duphina! ¡Tú has visto la partida! ¡Debes de estar de acuerdo conmigo!
           La diosa, quien estaba sentada en el fondo de la sala, apenas había prestado atención a la partida. Su armadura tintineó al levantarse y acercarse a ellos. Desenvainó su espada y la clavó en el centro de la mesa con un contundente golpe. Los tres dioses se sobresaltaron.
           —Si no sois capaces de jugar limpiamente, la victoria es inexistente. Drian, ¿has hecho trampas?
           —Claro que no —contestó con tranquilidad.
           —Es sincero en sus palabras —musitó Vienna, quien percibía las emociones de cada uno de ellos. Sin embargo, ninguno oyó su comentario.
           —Kuran —le nombró Duphina—, ¿en qué basas tus acusaciones?
           —En que antes empleó la carta tormenta de fuego cuando debería haber sido la de témpano de hielo—explicó Kuran con indignación—. Si no, que te lo confirme Melthes.
           —Eh… —se limitó a responder el susodicho.
           — ¡Ahora no te hagas el tonto! —le gritó Kuran a su homólogo.
           — ¡Déjame en paz! ¡Estaba demasiado centrado en la partida! —justificó el Elemental de la naturaleza. Al levantarse con agitación, tiró la silla.
           Kuran lo imitó en su gesto y los dos se desafiaron con llamas y tierra que surgían de sus manos y sus pies.
           — Solo los imbéciles no cambian de opinión —observó Drian.
           — ¡No te hemos pedido nada! —le gritaron al unísono los dioses Melthes y Kuran.
           — ¡Callaos ya! —les reprendió la diosa del acero—. No me puedo creer que esté entrando en su juego de críos… —se dijo a sí misma con un resoplido.



Lejos de todo aquel jolgorio, al fondo de la sala, dos diosas les observaban con poco interés.
           —Bueno, Vienna. Es hora de que me confirmes lo que llevo años pensando… ¿te acuestas con Melthes?
           La pregunta de Finala no pareció perturbar a la joven y bella Vienna, pero la diosa de la rama oscura sabía que había dado con un tema sensible.
           —Comprendo que quieras mantenerlo en secreto, pero la verdad es que Melthes es bastante obvio. En cuanto te acercas a él, se queda embobado mirándote… cuando le diriges la palabra ni te cuento cómo se pone…—prosiguió Finala alegremente.
           — ¿Has terminado? —le preguntó fríamente Vienna. A pesar de su velo, se podían adivinar dos glaciares provenientes de sus ojos.
           Finala soltó una sonora carcajada.
           — ¡No hace falta que te pongas a la defensiva! A mí es que no me van mucho las barbas, pero ya se me ha pasado más de una vez por la cabeza la idea de meter en mi cama a Kuran. ¿Qué opinas? Es alguien muy pasional, seguro que…
           —No me interesan tus historias —la interrumpió la diosa de la ceguera—. Me voy a mis aposentos, estoy cansada.
           Y sin siquiera despedirse, desapareció en silencio.
           — ¡Bah! Desde que está ciega es una aburrida… ¡Eras mucho más divertida antes! —le reprendió al aire que reemplazaba el espacio ocupado por Vienna.
           Estiró los brazos, se levantó de la silla y se unió a la pequeña pelea que estaba teniendo lugar entre los demás por un simple juego de cartas.
           — ¿Qué pasa aquí, chicos? —preguntó divertida.
           — ¡Finala! —Kuran se acercó a ella y con exagerada teatralidad la rodeó por los hombros—. ¡Tu hermano ha obtenido una injusta victoria! Nos ha engañado con su semblante serio, ¡pero él mismo confiesa haber amañado el juego!
           —Yo no he confesado nada… —dijo Drian con indiferencia.
           —Kuran, algo me dice que no nos cuentas toda la verdad. Soy todo oídos —le instó la diosa del acero.
           Enzarzados en aquella absurda discusión, ninguno daba su brazo a torcer. Con intenciones maliciosas, Finala decidió acabar con el debate:
           —Melthes, antes de irse, Vienna me dijo que te esperaba con impaciencia en sus aposentos personales —declaró en voz alta para que todos la oyeran.
           Tal y como se esperaba, el silencio se hizo rey. Todos ellos miraron a Finala con los ojos abiertos como platos y la boca abierta. Melthes en especial tenía la mandíbula desencajada a causa de la sorpresa.
           — ¿Eh? ¿Cómo…? ¿Qué…? —balbuceaba el dios de la rama natural—. ¿Cuándo…? ¿Eh? —No conseguía decir nada claro.
           — ¡Venga ya! Eso es imposible —se burló Kuran—. Vale que esté ciega, pero que yo sepa sigue teniendo el olfato en funcionamiento, y éste huele a madera podrida…
           Un enorme tronco surgido de la nada se abalanzó sobre su pecho interrumpiendo su frase.
           — ¡Repite eso si puedes! —bramó Melthes—. ¿E-es verdad lo que dices, Finala? —preguntó meloso.
           — ¡Por supuesto! —le confirmó Finala con una sonrisa de oreja a oreja.
           —…que no —añadió Duphina—. Conozco a Vienna y ya tuvimos «la» conversación. Melthes, no te lo creas.
           — ¿«La» conversación? ¿Qué conversación? —le interrogó Melthes con nerviosismo.
           — ¿Cuál va a ser? —repuso Kuran—. ¡La que concluye que eres un lameculos!
           De vuelta a la carga, los dos dioses reemprendieron su pequeña pelea a base de torbellinos de fuego y bestias vegetales.
           Drian, Finala y Duphina les miraron con hastío.
          —Finala, no ha tenido ninguna gracia. Les has vuelto a provocar —le reprendió Duphina.
           —Bah, ya se estaban peleando, solo he añadido algo de picante.

            —Entonces se dirigió a su hermano—: ¿Oye, hiciste trampas?
           Un ruido sordo resonó de pronto, dejando un agujero enorme en la pared. Al parecer Melthes había querido apuntar a Kuran pero el blanco se había movido con demasiada rapidez.
           —No, jugué limpiamente —le respondió Drian con calma.
           —Hm… Qué pena, pensé que por una vez habrías hecho algo interesante —dijo entre suspiros la diosa de las tinieblas.
           — ¡Pero bueno! ¡Deberías alabar su actitud, no reprenderla! —la riñó Duphina—. Drian, no cambies nunca esa rectitud que tienes. Es mucho más satisfactoria una victoria merecida.
           —Sí, claro. Pero eso ocurre una vez cada mil años —le contestó Finala cortante—. No se puede esperar tanto.
           —Eso no es cierto. La virtud siempre es recompensada —sentenció Duphina de la fortaleza.
           Drian se levantó sin hacer ruido y salió de la instancia sin que ninguna pareja se percatara de su ausencia. Decidió perderse por los jardines de los alrededores, sumido en sus pensamientos como solía hacer. Miró al cielo azul sin pestañear y murmuró:
          —Solo los imbéciles no cambian de opinión.




¿Qué opináis? Tendrán las palabras de Drian un doble significado? En todo caso, puedo afirmaros que me hacía falta desconectar de la historia central de Ecos del pasado. Aunque haya sido un pequeño relato, me lo he pasado en grande ^^

Quién sabe, tal vez repita esto con otros personajes! Si tenéis alguna sugerencia, igual que dice Duphina, soy todo oídos!

¡Un abrazo desde Tinasia!


domingo, 25 de septiembre de 2016

Noticias desde la lejana Tinasia

¡Que no he muerto!


Tranquilos, Drian no ha intentado lavarme el cerebro ni Kuran me ha convertido en cenizas... reconozco que el verano me ha traído muchas cosas con las que lidiar y estoy teniendo un nuevo comienzo en mi vida... ¡apasionante, la verdad!

Pero ello no quiere decir que haya dejado el blog abandonado, es solo que trabajo en las sombras ja,ja,ja

                                                                                                                           by exellero


Por ello os traigo 3 noticias hoy:


1. Quiero felicitar a la ganadora del primer sorteo de Ecos del pasado I, Janire Fernández Jiménez. Tendrás el ejemplar lo antes posible, mañana va directo a Correos :)


2. En cuanto al progreso de escritura de la segunda parte de la saga, puedo confirmar que llevo —más o menos— 1/3 de la historia. También añadir que será algo más larga que la primera parte, se aclararán muchas de las intrigas del primer libro —sé que lo deseáis— y con esta segunda parte se cerrará el primer arco.
    ¿Esto qué quiere decir? Que como muchos sabéis, la saga estará conformada por 4 partes, que a su vez forman dos arcos. Así, el primer arco se relata en los dos primeros libros, y el segundo en los dos últimos libros. Ya veréis, va a ser la bomba.


3. Algo que llevo mucho tiempo queriendo hacer es tener ILUSTRACIONES PROPIAS DE MIS PERSONAJES. Así, tengo a mi increíble Johanna the Mad realizando ahora mismo la primera! No os diré de qué personaje es, adivinadlo jaja Espero que muy pronto esté terminado, y así para quien esté interesado en tener la ilustración en sus manos de coleccionista y fan de la saga, podrá obtenerlo junto con la compra del libro —uoooh—. Esto ya lo anunciaré debidamente en su día.


    Con esto ya está todo. Espero que la vuelta a la rutina tras el verano no se os haga muy pesada, y a disfrutar de la vida, ¡que solo hay una! Y quienes aún no conozcáis la saga de Ecos del pasado, podréis acceder desde el blog a la lectura de los 3 primeros capítulos y si queréis haceros con un ejemplar, ¡aquí podéis tenerlo!


¡Un abrazo desde Lon'thara!

martes, 28 de junio de 2016

Curiosidades del capítulo 3: El amor de un hermano



¡Buenos días a todos!


Creo que ya era hora de subir al fin la última publicación del apartado «Making of» correspondiente esta vez al tercer capítulo de Ecos del pasado

Si recordáis bien, el capítulo 3: El amor de un hermano arrancaba con el susodicho, Dorian Vermonth... 

by wlop

¡Vamos allá, a ver qué se ha inventado la loca esta de autora con su saga!



1. Dorian Vermonth es descrito como alguien realmente bello y un casanova junto con su primo Dultas —al que tan bien conocéis—, elaborando planes cada vez más retorcidos para conquistar a las féminas. El nombre de Dorian fue inspirado del personaje Dorian Gray. Como bien veréis cuando leáis toda la novela, hay una gran ironía con esta elección...



2. El caballo de Dorian se llama Tormenta, al igual que el caballo del dibujo animado de la Emperatriz Sissi —viva los recuerdos de la infancia—.


3. Ninguno de los hijos Vermonth disfruta con el puesto que le corresponde: Silianna es militar cuando debería centrarse en política como su padre, Dorian prefiere la poesía a la espada, Rellian sueña con ser un héroe cuando su lugar está en el papeleo y Briggan... no me deja revelarlo jajaja.


4. Duphina de la fortaleza es, seguramente, el personaje más recto de la historia. ¿Tal vez por esa misma razón sea la primera fuera de juego? ¿Será cosa de la macabra imaginación de la autora?





5. Drian el pacificador es el personaje más odiado de la saga. Pobrecito, un incomprendido para siempre > <


6. En este capítulo arranca la verdadera problemática de la historia: los orbes y los conflictos entre las divinidades. 


7. Claire empieza a encontrar pistas sobre su pasado topándose con una anciana que le resulta familiar... más de uno se ha aventurado a decir que podría ser la diosa Vienna de la ceguera. ¿Será cierto? 


8. Debido a su carácter un tanto misterioso y su aparente tranquilidad, Dultas es uno de los personajes más sospechosos. ¿Estará justificada tal desconfianza por parte del público de lectores?


9. Amisis es el primero personaje poseedor de una rama arcana que no corresponde con la que hay en el lugar en el que se encuentra. No es frecuente que se den movimientos migratorios debido al recelo que suele haber entre naciones además de por la atadura que los mortales sienten respecto a sus Elementales correspondientes.


10. La escena final donde Dorian y Dultas se despiden fue añadida en la versión final. 




¡Ya lo sabéis todo! —Bueno, siempre queda algún as en la manga... muahaha—.
Con esto os acerco un poco más al mundo de Ecos del pasado, y atraparos más en la historia si no estaba hecho ya :p

¡¡Recordad que la novela Ecos del pasado I: La danza del fuego ya está a la venta y que lo podéis adquirir en varias librerías y por diversas vías online!!


¡Un abrazo desde Lon'thara!



miércoles, 15 de junio de 2016

¡Ya a la venta!

«Con algo más de atrevimiento, volvió a pasar la mano para confirmar lo que presentía, y decidió adentrarla en el fuego, intrigada. No solo no quemaba, sino que la consolaba. Quiso adentrarse del todo en las llamas, pero fueron ellas quienes se acercaron a ella; su calor la rodeaba en un abrazo y la envolvía tiernamente. 


Maravillada por la sensación, dio vueltas sobre sí misma mientras el calor la cubría de los pies a la cabeza, bailando con ella una danza ardiente: una danza del fuego».


¡Ya tenéis la opción de poder haceros con la primera parte de la saga Ecos del pasado!


- . . - Formato físico - . . -


 

 


*El ejemplar comprado a través de Amazon no incluye las solapas y productos adicionales tales como marca páginas, ilustraciones u otros similares en los casos que se señalen.







 - . . - Formato e - book - . . -










 - . . - Librerías - . . -

Librería el Soto
Calle de la Constitución 108, Alcobendas


El Galeón II
Paseo de la chopera 184, Alcobendas


Librería Pernatel
Calle Real, 68, San Sebastián de los Reyes


D5
Av. Julián Sánchez, Fuente el Saz

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Librería Aquarela

Calle Clara del Rey 8, Madrid


Generación X
Calle de Puebla 15Madrid


Metrópolis Cómix
Calle de la Luna 11, Madrid



Librería Salamanca
Calle Libreros 14, Madrid


El Mono - Araña
Calle Peñuelas 14, Madrid



Librería La Sombra
Calle San Pedro 20, Madrid

Traficantes de sueños
Calle Duque de Alba 13, Madrid



La agonía Libros
Calle del Divino Pastor 27, Madrid

Vergüenza Ajena
Calle Galileo 56, Madrid



Estudio en Escarlata
Calle de Guzmán el Bueno 46, Madrid

Modesta Librería 
Calle Modesto Lafuente 31, Madrid


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Lual Picasso
Calle Reyes Católicos 18, Almería

Librería Flash Joven 
Calle San Antón 48, Granada



Librería Picasso
Calle Obispo Hurtado 5, Granada

Pangea Libros
Av. de Jerez Dos Hermanas, Sevilla

Libelista
Av. Diagonal 460, Barcelona

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Agapea Factory
Calle Bodegueros 43, Málaga


Cómic Stores
Paseo de los Tilos 30, Málaga 

Cómic Stores Soho
Calle Trinidad Grund 11, Málaga


En Portada Cómics
Calle Nosquera 10, Málaga 







¡Pronto en más librerías!





Para el que quiera saber un poco más sobre la novela, en este blog se puede acceder a los tres primeros capítulos gratuitamente. 



sábado, 11 de junio de 2016

La locura de mi primera presentación

¡Buenos días a todos!

Hoy toca una entrada muy especial, ya que va a tratar sobre un evento de anoche: 



¡MI PRIMERA PRESENTACIÓN!



«Yo estoy cansada, pero con una sonrisa enorme dibujada en la cara»



Ayer, a las 19h en la sala de EmociónArte —gracias de nuevo al equipo, tan agradable y profesional con nosotros— tuvo lugar el comienzo del evento. Más de 50 asistentes, todos cómodamente —o eso quiero pensar :p— instalados en sus sillas, a la espera del comienzo. 
  Doy vueltas por los pasillos, esperando al momento en que al menos la mayoría estén. Algunas de las invitadas están fuera pagando parquímetro. Quiero esperarlas para comenzar. Son las 19h15, voy al baño a lavarme las manos. 
  Cuando vuelvo a entrar en la sala, la congregación me mira fijamente a la espera de una señal que indique el pistoletazo de salida. Les respondo con una mirada «esperad un poco más». Esperamos, todos hablan con todos mientras. Mi madre sentada en una esquina, mi padre unas filas más atrás tomando fotos. 



  Ya han llegado las chicas. Podemos empezar
  Pongo la música de fondo, empiezo a pasar las diapositivas. La presentación se dividió en tres partes: 

1. El por qué de mi historia, el origen, mis inicios como escritora. 



video


2. Presentación del mundo en el que transcurre la historia, y de los dioses de mi saga. Luego, explicación de cuáles son los valores que más peso tienen en mi historia, y que se reencarnan en determinados personajes —al parecer fue lo que más gustó—.






3. Recito el prólogo de mi primera novela. Voz pausada, tono grave. Las frases son duras, inquietantes. La gente termina con la piel de gallina, ¡objetivo logrado!
  La sala aplaude tras media hora de presentación, las luces se encienden y el hechizo de la inmersión en la historia se rompe. 



¡Ha sido una experiencia increíble!

Entonces damos paso a la firma de ejemplares, todos se ponen en fila ordenada, y mi hermana se ocupa del pago y recuento —¡¡gracias adorable Nadia!!—. Me rompo la cabeza para saber qué escribirles en la dedicatoria, siempre mencionando a algún personaje de la novela para que les entre el gusanillo de la curiosidad —si es que la presentación no lo hizo ya :p—. 


Haciendo cola para la firma de libros

Colocando los libros y expositores... ¡que me den espacio!


  A veces me piden una foto, otras veces una dedicatoria para sus hijos que no leen, y esperan que con mi novela se hagan lectores. ¿Quién sabe? 
  Los invitados tienen acceso al «buffet» que mi madre y hermana han instalado en otra sala, mientras yo estoy con las piernas pegadas a la silla y las manos sujetando el bolígrafo firmando y firmando. ¡No termina!






A las 21h pasadas, ya se han ido casi todos, quedamos mis tíos, primas, hermana y mis padres, recogemos lo que queda y nos vamos a casa. Yo estoy cansada, pero con una sonrisa enorme dibujada en la cara. 

¡Es solo el comienzo de mi aventura, y estoy motivada para ir a por más! ¡Con ganas de más presentaciones, conocer a más personas y poder dar a conocer mi historia!



Y así transcurrió mi tarde, con mucha alegría, motivación, risas e intrigas. Espero que os haya gustado, y pronto poderos ver a vosotros, ¡lectores!

¡Un abrazo desde Lon'thara! 

PS: a ver si cambio de ubicación cuando me despido de vosotros... ¿tal vez Ivalanosh? ¿O Lyra?